miércoles, diciembre 06, 2006

Ivanna y su mamá – 3° parte (De viaje con mi hermana y mi sobrinita)

Hola gente, ¿cómo están?
Cumpliendo con lo prometido, aquí está la tercer y última parte de mi primer relato. Espero les guste; y, sobretodo, espero sus comentarios. Especialmente algún comentario de mi AMORCITO.
Hasta la próxima.

Ivanna y su mamá – 3° parte (De viaje con mi hermana y mi sobrinita)

Esta no es una historia real (aunque me hubiera gustado que lo fuera), pero está basada en situaciones y personajes verdaderos, a los que sólo les cambié los nombres y algunos lugares, como para guardar el secreto...


Así nos quedamos, medio dormidos, medio inconscientes; hasta que fuimos despertados por un grito. Era Cris, que había vuelto de la peluquería (nos olvidamos por completo de ella) y nos encontró en la misma posición en que habíamos caído rendidos; mi verga todavía estaba en parte dentro de la boca de Ivanna.

En ese momento no pude descifrar la mirada de Cristina, pero creo que era mayormente de odio. Aunque también había celos y por qué no lujuria.

¿Qué están haciendo? – Atinó a preguntar Cristina. Bueno, evidentemente no te voy a decir que estamos jugando al ajedrez – Le respondí, con mucho más aplomo que el que sentía en ese momento. Mientras Ivanna se desperezaba indolente, sin dar muestras de nerviosismo.

Ustedes dos están muy tranquilos, para lo que han hecho – Nos largó Cris. ¿Tienen idea de lo que esto significa?, ¿tenés idea de la edad de Ivannita? – Me preguntó directamente a mí. Yo ya no me sentía tan seguro, y no sabía para dónde salir corriendo. Lo único que pensé en ese momento fue que realmente había valido la pena, fuera cual fuera el resultado.

Entonces, metió cuchara por primera vez Ivanna en la conversación. Vos no tenés derecho a enojarte, después que hiciste lo mismo que yo – Le dijo a su madre. Y luego salió a defenderme, aclarando que lo que yo había hecho fue porque ella no me dejó otra salida. Le contó que nos había visto juntos, y que dada la situación, pensaba que ninguno tenía nada que reprocharle a los demás. Que a ninguno nos convenía dar a conocer lo que pasó.

No nos quedó más remedio a Cris y a mí que reconocer que Ivannita tenía razón. Y visto como se daban las cosas, fui yo quien dio el siguiente paso. A decir verdad, con vos Cris la pasamos muy bien, y quedamos en continuarla – Comencé a decir. Con Ivanna empezamos su educación sexual, con clases prácticas incluidas, pero evidentemente falta mucho todavía, para que aprenda y para que disfrutemos – Concluí.

¿Y qué proponés? – Preguntó Cris, ya sin ningún dejo de agresividad. Evidentemente había asumido la situación. Que te saques ya la ropa, y nos acompañes en la cama. Sería hermoso que disfrutemos de esto los tres juntos – Fue mi respuesta. Nos queda poco tiempo, ya que mañana a la noche vuelvo a Neuquén – Finalicé.

¿Por qué no salimos juntos a pasear a algún lado, y luego volvemos aquí? – Nos dijo Ivanna. No nos vamos a pasar 24 horas en la cama; yo quiero que salgamos como si fuéramos una familia – Completó.
Yo tomé en parte su idea, y propuse que intentáramos hacer un viaje a algún lado, pasáramos la noche en un hotel, como si fuéramos un matrimonio con su hija, volviendo al día siguiente con tiempo para que yo tomara mi avión. Esto le gustó a Cristina, agregando que tal vez estuviéramos a tiempo de tomar un ferry a Colonia, donde hacía mucho le estaba prometiendo a la nena que la iba a llevar.

Llamamos a la línea marítima y coordinamos no sólo el viaje, si no también el hotel y un cititour para la mañana del domingo. Preparamos un par de bolsos con algo de ropa y llamamos un remise para que nos llevara urgente al puerto. No teníamos mucho tiempo para alcanzar el ferry.

A partir de allí nos comportamos como una verdadera familia. Caminamos todos juntos de la mano, con Ivannita en el medio; nos abrazábamos y reíamos como el más feliz de los grupos. En el asiento posterior del remise, aproveché para tocarlas un poco a ambas, y creo que una de las veces que pasé el dorso de mi mano por los pezoncitos de Ivanna, el chofer me estaba mirando, pero no dijo nada. A partir de allí, casi no quitaba los ojos del espejo retrovisor.

Hice como que ni me daba cuenta, y seguí muy afectuoso con ellas. En un momento tenía mi mano sobre el muslo de una u otra, y la subía mostrando casi las bombachas; otras le metía tremendos chupones en la boca a Cris, o unos piquitos en los labios a Ivanna; y siempre aprovechando para rozar los pechos de las dos. El chofer a esta altura creo que ya había acabado en sus pantalones. ¡Pobre tipo!

Cuando nos bajamos le pagué el importe justo, y le dije que la propina ya se la habíamos dado. Evidentemente me entendió sin problemas. Corrimos para retirar los pasajes y los vouchers que nos dio un empleado de la agencia, y pasamos a embarcar, cuando faltaban pocos minutos para la partida del ferry. Como la tarde/noche estaba muy tranquila, decidimos ir a la parte alta del barco. Ahí me deleité observando la cola de las dos mujeres que me acompañaban, usando faldas muy cortas.

Luego noté que había más de uno que las miraba. Al principio me puse un poco celoso, pero después me di cuenta que me gustaba la situación, y me propuse seguirla adelante, con el consentimiento de las chicas. Cuando llegamos arriba, les conté mi idea e Ivanna se prendió enseguida. A Cris le costó un poco más, pero la perspectiva de una mayor excitación no le permitió negarse.

Le pedí a Cris que pasara al baño y se sacara el corpiño, dejando sus tetas al aire, que así se marcarían en su ceñida remera. A Ivanna le hice abrir un par de botones de su camisa, así mostraba también en parte sus pechitos, que llevaba sin corpiño. Con las faldas no había mucho que hacer, ya que de por sí eran las dos muy cortas.

Una vez hecho esto, nos dedicamos a pasear por la cubierta, donde el aire del río hacía que las faldas de mis mujeres se movieran para todos lados. Prácticamente tenían la cola al aire, ya que la tanguita de Cris apenas le tapaba la raya, e Ivanna tenía la bombacha metida en el culo, dejando sus nalgas al aire.

La temperatura interior nuestra iba en ascenso. Los pezones de Cristina parecían que estaban por romper la remera, y una vez que pasé mis dedos por la conchita de Ivanna, noté que estaba empapada con sus propios jugos. Yo me la pasé todo el viaje al palo, solamente de observar como las miraban los demás, y pensando en lo que venía cuando estuviéramos en tierra.

Aproveché el viaje para seguir con las caricias a las dos; a Cris en forma menos disimulada, le acariciaba los pechos por sobre la remera, o le metía mano por debajo de la pollera, cuando se ponía contra la baranda del barco. Si estaba de frente a mí le acariciaba la cola, y si estaba de espaldas le metía mano en los pechos y la conchita, inclusive metiéndole los dedos dentro de la tanguita.

Con Ivanna me deleité acariciando sus tetitas directamente dentro de la camisa, y sintiendo que sus pezoncitos se endurecían a más no poder. Cada vez que le pasaba una mano por sus muslos desnudos, se estremecía de gozo. Creo que durante el viaje tuvo más de un orgasmo, aunque lo disimuló bastante bien; por lo menos no se escucharon muchos gritos.

En resumen, sin darnos cuenta, estábamos llegando a destino más calientes que nunca. Mi pija pedía por favor que la descargara, pero me estaba reservando para cuando estuviera dentro de ellas. De solo pensar que me las iba a coger a las dos juntas, me ponía a mil.

Antes de llegar, Ivanna había ido al baño con una sonrisa pícara, diciendo que se iba a arreglar para la llegada. No entendí muy bien a qué se refería, hasta que empezamos a bajar las escaleras del ferry. Como yo lo hice primero, para ayudarlas, al mirar para arriba me encontré con las piernas de Ivannita, y al primer vientito, ¡con su concha! La muy guacha se había sacado la bombacha, y se quedó sólo con la falda y la camisa. Debajo estaba desnuda por completo.

Claro que, así como yo la veía, eran varios los que desde abajo la miraban con cara de hambre. Esa era la preparación que había ido a hacer al baño antes de llegar. Por detrás de Ivanna venía Cristina, a la cual se le escapaban algunos pendejos a los costados de la tanga, y también estaba a la vista de todo el mundo. Se había hecho una aglomeración al final de la escalera, con los tipos que se quedaban a mirarlas.

Nos estaba esperando una combi para llevarnos al hotel, ya que era tarde para salir a pasear. Allí mismo teníamos pensado cenar. No quiero extenderme en contarles los ojos del muchacho que venía sentado de frente a Ivanna y a mí en la combi, cada vez que la guacha movía sus piernas, abriéndolas o cruzándolas. Frente nuestro se ubicaba una pareja joven, y al lado del conductor iba Cristina.

La esposa (después me enteré que eran recién casados) no paraba de darle codazos para que dejara de mirar a la nena, pero él se sentía tan atraído por esa conchita que estaba al aire, que volvía a mirar a cada rato.

Llegamos al hotel, y allí nos tenían reservada (como habíamos pedido) una habitación triple, con una cama matrimonial inmensa, y otra individual. Hicimos dejar nuestro equipaje, y cuando se fue el botones trabé la puerta, y nos quedamos mirando.

Lo primero es lo primero – Dije. Tengo un hambre bárbara y propongo que nos vistamos para ir a cenar y bajemos lo antes posible. Para otro tipo de hambre, tenemos toda la noche por delante – Concluí. Ok. ¿Qué nos ponemos? – Preguntó Cristina. Aquí se acostumbra vestirse bien para las cenas – Contesté. En el restaurante de este hotel se junta toda la gente de nivel de Colonia. Es el mejor que hay.

A pesar de que me calenté muchísimo viéndolas cambiarse de ropa, no hice más que darles unas caricias, e inclusive una lamida a sus pechos, antes de bajar a cenar. Fue espectacular la cara de Cris, cuando Ivanna se sacó la falda y vio que no tenía puesta su bombacha; pero no dijo nada. Se iba dando cuenta que si no se apura, la nena va a ser más rápida que ella.

Las dos se pusieron vestidos, el de Cris largo y muy pegado al cuerpo, donde se notaba no sólo que no tenía corpiño, si no que tampoco se había puesto bombacha; no había ninguna marca en su vestido. Se ve que aprendió de la hija. El vestidito de Ivanna era muy de nena, blanco reluciente, ajustado a la cintura y con una falda corta y con volados. Obviamente no tenía corpiño, aunque esto no se notaba mucho, y tampoco se veía que no llevaba bombacha.

El comedor del hotel es realmente de mucho nivel. Todo el mundo estaba muy bien vestido, pero igual mis dos niñas (como les decía yo) sobresalían entre las mujeres. Todos las miraban, los hombres con hambre y las mujeres con envidia y celos. Claro, en general estaba lleno de viejas con plata, pero que no valían mucho.

Cris se portó bastante bien durante la comida, pero Ivannita cada vez que se levantaba para ir a la mesa del bufete, se las arreglaba para moverse de forma tal que todos terminaron dándose cuenta que se encontraba desnuda bajo su pequeño vestido de niña. Yo aproveché para meterles algunas manos por debajo de la mesa, y cuando nos apiñábamos junto a la mesa llenando los platos les apoyaba mi pija en sus colas, que se sentían riquísimo, gracias a la falta de ropa interior.

Después de los postres, encargué que me llevaran una botella de champagne a la habitación, y allí nos fuimos; no sin antes pasear delante de las miradas libidinosas de la mayoría de los presentes. Subimos las escaleras con ellas dos adelante y yo detrás, empujándolas con mis manos en sus culos, a Ivannita directamente sobre su piel.

Llegamos a la habitación y Cristina ya se estaba desnudando. Despacito – Le dije. Nadie nos apura, la noche es toda nuestra, y si fuera necesario, nos quedamos también toda la mañana en la habitación. Les pedí que mientras yo iba al baño a cambiarme, ellas hicieran lo mismo en la pieza, a fin de encontrarnos enseguida, con las ropas que habíamos llevado especialmente para esa noche.

Cuando salí del baño, llevando puesto sólo un pantalón de pijama bermudas, de tela suave, muy amplio, me quedé sin habla, extasiado ante lo que se me presentaba a la vista. Cristina tenía puesto un camisón de raso, cortito y amplio. No tiene mangas y es muy cavado en las axilas, así como tiene un escote muy pronunciado, tanto en el pecho, como en la espalda. Los pechos parecía que se les escapaban por todos lados. Obviamente, no llevaba ni bombacha ni corpiño.

Ivannita se había puesto un baby doll. En realidad se trata de un pequeño camisón transparente, que le llega a la mitad de la cola, muy amplio y escotado, y una bombacha haciendo juego, en la misma tela, también amplia. En realidad era como si estuviera desnuda, se les notaban los pezones, y hasta los pocos vellos de la conchita. ¡Estaba divina, espectacular!

Cuando pude hablar nuevamente, sólo atiné a decirles que eran unas verdaderas diosas. Son las diosas del amor - Agregué. Ya mi verga había crecido lo indecible, pugnando por salirse por la bragueta del pijama. En ese momento golpearon a la puerta, y cuando me dirigía a abrir, se me adelantó Ivanna. Yo voy – Dijo. Y antes que la pudiéramos parar, estaba abriendo la puerta de la habitación.

Era del servicio de habitaciones, que traían la botella de champagne en un gran cubo de hielo y tres copas. El pobre muchacho casi se desmaya en el lugar; nunca se esperó que lo recibiera Ivannita vestida (o desvestida) como estaba. Vengo a en... en... entregar e... e... esto que pidieron – Tartamudeaba el botones. Pasá y dejalo sobre la mesa – Le dijo Ivanna, como si ella manejara la situación.

Claro, cuando entró y la vio a Cristina, apenas pudo contener la bandeja que estaba sacando de la mesita rodante. ¿Está bien acá? – Preguntó, sin poder reponerse del todo y tratando de ocultar la erección que tenía, y se notaba bastante. Por supuesto – Le dije. Ni bien pudo pegó media vuelta y se fue. Ivanna lo acompañó hasta la puerta, y de espalda a nosotros le dijo: Aquí tienes tu propina. No quise ni preguntar que fue lo que le mostró, como propina; pero el chico salió casi corriendo, evidentemente para hacerse una buena paja.

Bueno, basta de juegos con los demás – Les dije. Ahora nos toca a nosotros – Y cerré la puerta con traba, para que nadie nos molestara. Me arrimé a ellas y nos juntamos en el medio de la habitación. Nos abrazamos y comenzamos a besarnos, al principio Cris y yo, e Ivanna y yo; pero después en la mezcla que hacíamos, noté como se trenzaban ellas dos en un apasionado beso también. Esto terminó de ponerme a mil. No me lo esperaba.

Mientras nos besábamos, nuestras manos no se quedaban quietas; yo me dediqué a acariciar sus pechos, sus colas y también sus conchas, metiendo poco a poco algunos dedos dentro de ellas. Por su parte, Cris e Ivanna se “peleaban” por mi verga, y se alternaban acariciándola y sobando mis pelotas. También en un momento dado, cuando fui a acariciar los labios vaginales de Cristina, me encontré con que estaban ocupados por una mano de Ivanna. Las cosas entre ellas iban avanzando.

De a poco fuimos quitándonos la ropa, hasta quedar desnudos los tres en sólo unos minutos. ¡Para eso habíamos hecho tantos preparativos de ropa! Tener a las dos juntas desnudas delante de mí era algo indescriptible. El contraste entre la morocha y la rubia, algo de no creer. Una madurita (aunque no se notaba) y la otra una verdadera mocosa, ambas dispuestas a cogerme hasta el final.

Seguimos con las caricias, y ya estábamos los tres volando. ¡Cogenos de una vez! – Gritó Cristina. Y nos fuimos colocando en posición; me tiré en la cama grande, boca arriba. Cris enseguida se sentó sobre mi pija, mirando para mi lado; se la clavó de un solo saque hasta el fondo. Ahí nomás vino Ivanna e hizo lo mismo, pero sobre mi boca; apoyó su conchita en mis labios, para que yo empezara a chuparla.

Cristina empezó a moverse de arriba hacia abajo, se metía y sacaba mi pija de la concha, primero lentamente y después cada vez más rápido. Cada vez la retiraba del todo, y al volvérsela a meter la refregaba contra su clítoris o la pasaba entre la concha y el ano antes de insertársela. Poco a poco iba volviéndose loca, y sus movimientos cada vez más frenéticos.

Por otra parte, Ivannita iba sintiendo los efectos de mi lengua en su conchita. Durante un rato me dediqué a chuparle los labios, a meterle la lengua dentro y a tirarle de los pendejos con los dientes. Le hiciera lo que le hiciera, no daba señales de dolor, si no todo lo contrario; cada vez lo disfrutaba más. Cuando ya estaba muy loca, empecé a trabajar en su clítoris. Ahí empezó a moverse tanto, que no podía mantenerme chupándola constantemente; porque se me escapaba.

Así estaban las dos, cuando Ivanna se tiró para adelante y se prendió de las tetas de la madre. Las agarró con sus manitas y las acariciaba suavemente; luego se estiró un poco más para poder chupárselas. Al principio Cris medio que se retrajo ante las caricias; pero estaba tan lanzada, que enseguida se dejó hacer, con mucho placer.

Ante el cambio de posición de la nena, aproveché para pasar a chuparle el culo. Le fui metiendo saliva dentro del orto, para luego penetrarla con mi lengua. Ese culito lo quería hacer mío pronto, así que lo fui lubricando desde entonces. Le metí un dedo de la única mano con que la alcanzaba, y al rato le agregué uno más. ¡Ni miras que se quejara! Estaba muy ocupada con las tetas maternas.

Mientras estaba en eso, ambas comenzaron un orgasmo descomunal. Al principio gritaban las dos, pero enseguida se fundieron en un beso que se partían las bocas. Parecían amantes de toda la vida. Se veía como cada lengua exploraba la boca de la otra, y luego se trenzaban entre ellas. ¡Qué visión maravillosa! Yo hacía esfuerzos para verlas de costado, porque realmente me calentaban cada vez más.

Cuando terminaron las dos, que en el caso de Cris le llevó un buen rato, me salí de debajo de ellas. Nos juntamos en un beso de tres, en que no sólo intercambiamos mucha saliva, si no que les pasé mucho de los jugos que Ivannita había dejado en mi boca, durante su acabada. Las acaricié a ambas en los pechos, las colas; mientras Cris me sobaba la pija e Ivanna no le largaba las tetas.

Les dije que quería culearlas y las dos estuvieron de acuerdo. Primero a Ivanna – Les transmití mi decisión. Se puso en cuatro patas sobre la cama, y luego que Cristina me chupó un poco la verga, para llenarla de saliva, le empecé a meter la puntita en el ojete a Ivanna.

Entro despacio, pero sin pausas. No hizo falta parar en ningún momento; el culito de la nena se fue tragando toda mi pija sin ningún problema. Casi sin darme cuenta, mis huevos chocaban contra su conchita. La tenía ensartada hasta el fondo.

Cristina mientras tanto se había quedado en la misma posición que estaba, con el culo en pompa, esperando su ración de pija. Se veía preciosa con las tetas colgando, y la cara girada para ver qué le hacía a su hijita.

Ahí fue cuando me agarré de las caderas de Ivanna con una mano, y con la otra del culo de la madre; y comencé a bombear. La sensación de estarme culeando a mi sobrinita no tiene forma de describirse. Su orto aceptaba sin problema mi mete y saca, que se hacía cada vez más violento.

Y yo estaba cada vez más sacado, así que mientras la movía a ella de atrás para adelante, acomodándola al ritmo de mi cogida; con la otra mano comencé a darle nalgadas a Cris. Así logré llegar a un gran orgasmo, llenándole el culo de leche a Ivannita, y no sin haber dejado la cola de mi hermana con todos mis dedos marcados.

La nena cayó sobre la cama, y yo prácticamente encima de ella. Cris amagó protestar porque faltaba el culo de ella, pero yo no le pude hacer mucho caso; estaba rendido. Al final se acostó a nuestro lado, y todavía estaba despierta cuando me dormí. Antes había cerrado ya sus ojos Ivanna; y no creo que Cristina durara mucho más.

El domingo a la mañana, desperté sintiendo ruidos de vajilla. Estaba en la misma posición que me había quedado dormido, desnudo, boca abajo en la cama grande. A mi lado estaba Cristina, totalmente desnuda también, pero toda despatarrada, boca arriba.

A un costado estaba Ivanna, recibiendo los desayunos que había pedido por teléfono, sin que nosotros nos enteráramos siquiera. La nena llevaba puesto el camisoncito del baby doll, pero sin la bombacha; con lo cual sin necesidad de moverse, quedaba la mitad de su cola, y toda la conchita al aire.

Y así estaba atendiendo al servicio de habitaciones, que de todas maneras era el mismo muchacho que nos trajo el champagne a la noche. Cuando terminó de acomodar todo en la mesita, y el chico se dio vuelta para irse, Ivanna le dijo que faltaba su propina.

Aquél paró, y se dio vuelta; evidentemente esperaba que ella le volviera a mostrar su cuerpo; pero Ivanna lo sorprendió nuevamente. Se acercó a él, se arrodilló delante, y lentamente le desabrochó el pantalón del uniforme, bajando inclusive el cierre del mismo.

Enseguida le bajó los pantalones, junto con el slip, en un solo movimiento, dejando la flaca y larga pija del chico a la vista. Obviamente estaba al palo, así que Ivannita no tuvo que hacer mucho antes de comenzar a chuparla. Y mientras la chupaba la masturbaba con sus manitos, o le acariciaba los huevos.

No habían pasado ni dos minutos, cuando el botones empezó a largar leche como loco de su verga; la cual ella se iba tomando sin respiro, para no dejar escapar nada. Una vez que la exprimió completa, la limpió con su lengua y la volvió a guardar en el slip de él. Inclusive le subió los pantalones y se los abrochó, antes de dejarlo ir, con el carrito del desayuno.
Recién ahí se dio cuenta que yo estaba despierto, y la miraba. Limpiate al lado de la boca – Le dije. Tenés unas babas blancas colgado. La muy guacha juntó lo que quedaba de semen del botones con un dedo, y luego se lo chupó.

A esta altura, yo ya estaba al palo otra vez; el espectáculo que me dio gratis me había puesto de nuevo a tono. Me acerqué a ella para agarrarla, pero me esquivó. Primero el desayuno – Dijo. Para mamá y para mí pedí café solo – Agregó. Para vos café con leche, como te gusta.

Quisimos despertar a Cristina, pero fue imposible. Estaba como muerta, y exactamente en la misma posición que antes. Visto que no podíamos volverla en sí; pero sabiendo que respiraba bien, y sólo estaba dormida del cansancio, nos dispusimos a desayunar.

Primero necesito la leche para mi café – Dijo Ivannita. Pero si vos lo habías pedido... – Y recién ahí caí en lo que estaba tramando. Tomó su taza grande, llena a la mitad de café, y se paró delante mío.

Con una mano sostenía la taza frente a mi verga; y con la otra tomó esta y comenzó a pajearla. Comenzó lento, pero duró poco así; enseguida la estaba sacudiendo con ganas. Mientras tanto yo le apretaba las tetitas sobre su camisón.

No tardé casi nada en acabar, y ella se las ingenió para dirigir la punta de mi pija hacia la taza, y así echar toda la leche dentro. La poca que no embocó en la taza, Ivanna se encargó de recogerla y metérsela en la boca.

Como si fuera lo más normal del mundo, le agregó a la taza dos cucharaditas de azúcar, la revolvió, junto con todo mi semen, y se sentó a tomarla. Mientras desayunaba, veía como ella se tomaba su Café con Leche particular; con cara de gusto y una sonrisa de mina caliente en la cara.

Por supuesto el cititour que teníamos contratado, quedó para otra vuelta. Ya era tarde para nada, y todavía no podíamos despertarla a Cristina. Después del desayuno nos acostamos cada uno a un lado de Cris, y comenzamos a acariciarla y chuparla.

Yo en la concha e Ivannita se prendió enseguida de las tetas de su madre. La verdad parecía que había vuelto a ser un bebe, en la forma que chupaba. Llevó bastante tiempo hasta que Cristina fue reaccionando; y cuando lo hizo, fue poco a poco. Creo que pensaba que estaba soñando que la chupaban toda, y no que era la realidad.

Para cuando terminamos con ella, quedó destruida de nuevo; no había forma de hacerla reaccionar. Parece que mamá no tiene mucho aguante – Dijo sonriendo Ivanna. Y era verdad, Cris estaba en otro mundo, en el de los sueños (eróticos, seguramente).

Y vos tampoco sos tan joven – Me dijo la mocosa. Vení que te hago unos masajitos, para que dures algo más – Concluyó. Y ahí me acosté boca abajo sobre la cama chica, y la nena se sentó sobre mi espalda a hacerme masajes en los hombros.

Sentía sus manos suaves, pero firmes en mi espalda... y su conchita, también suave pero firme, sobre mi cintura... Y ya no sentí más, me quedé dormido yo también.

Cuando Ivannita nos despertó, era hora de salir corriendo a tomar el ferry de vuelta. Ella ya había preparado los bolsos, y apenas tuvimos tiempo de vestirnos y salir para el puerto.

El día había estado feísimo (nosotros ni nos enteramos), y en el barco hacía frío. Así que tuvimos que abrigarnos bastante, y quedarnos en nuestros asientos en el interior, porque estaba bastante movidito, para comenzar una tormenta.

En el estado que estábamos, tanto Cristina como yo, no había ni ganas de nada más. Aunque Ivanna seguía en pie de guerra, pero no conseguía quién la siguiera.

Del puerto de Buenos Aires fuimos en remis a los de Cristina, y de ahí me fui directamente a Aeroparque a tomar mi avión a Neuquén. Ya no quedó tiempo para nada... Pero lo que sí quedó fue una relación que los tres pensábamos continuar en el tiempo.

Y así terminó la historia, al menos de mi primer fin de semana con Ivanna y su mamá. Si la próxima vez que vaya a Buenos Aires, pasa algo interesante, se los cuento.

Un abrazo,

Billy http://www.blogger.com/billyarg@yahoo.com

martes, octubre 10, 2006

Ivanna y su mamá – 2° parte (Mi sobrina Ivanna domina la situación)

Queridos amigos y amigas, aquí va la segunda parte del relato. Como siempre, quedo a la espera de los comentarios respectivos:

Ivanna y su mamá – 2° parte (Mi sobrina Ivanna domina la situación)

Esta no es una historia real (aunque me hubiera gustado que lo fuera), pero está basada en situaciones y personajes verdaderos, a los que sólo les cambié los nombres y algunos lugares, como para guardar el secreto...


Al terminar de abrir los ojos, me pegué uno de los más grandes sustos de mi vida: en la puerta de la habitación, y observándonos atentamente, estaba Ivanna. Tenía puesto sólo su camisón, que dejaba traslucir todas las formas de su cuerpo, y esto a mí, una vez que se me pasó el susto, lo que me produjo fue una tremenda erección, que no alcancé a disimular con las sábanas.

Ivanna tenía clavada su mirada en mi pija, y yo no podía taparla porque si me movía la despertaba a Cristina. Al principio pensé que estaría asustada, o enojada; pero lo que vi en su mirada era un brillo que no tenía nada que ver con todo eso. Los ojos le chispeaban de emoción. Después de unos minutos pegó media vuelta y salió para el baño.

Aproveché para despertar a Cristina y le dije que sería mejor que nos levantáramos, antes que se despertara su niña y nos viera. Cris todavía estaba en el limbo de la cogida de toda la noche, y tardó en reaccionar; pero enseguida nos levantamos y yo me vestí como pude con alguna ropa de mi bolso. Cristina dijo que quería ducharse primero.

Desnuda como estaba fue hacia el baño (el único del departamento) y se metió sin pensar. De golpe se topó con Ivanna, que sentada en el inodoro se masturbaba a dos manos. Cris hizo como que no se dio cuenta (pero después me lo comentó); y salió enseguida para cubrirse con algo de ropa, antes que la nena notara que estaba desnuda (ella también me dijo después que se había dado cuenta).

Todo trató de volver a la normalidad, o al menos a parecerlo. Era sábado, y por ende Cristina no tenía que ir a trabajar; por otra parte, Ivanna estaba de vacaciones de la escuela, y a la colonia de vacaciones del club iba de lunes a viernes. Esa mañana nos dedicamos cada uno a sus cosas: Yo guardé lo que traía en el bolso en el ropero de la habitación de Ivanna; Cris estuvo lavando ropa y luego preparando el almuerzo; mientras Ivanna leía una revista, y revoloteaba por ahí, haciéndome lugar para mis cosas y mirándolo todo.

Luego del almuerzo, Cristina se fue a la peluquería, ya que quería arreglarse para que saliéramos por la noche. Me pidió que me quedara con Ivanna, pues prefería no dejarla mucho tiempo sola, y en la peluquería nunca se sabe cuánto se podría tardar. La niña estuvo de acuerdo sin ningún problema e inclusive con una sonrisa en sus labios.

Al poco de salir Cris, mientras leía tranquilamente el diario de ese día tirado en la cama matrimonial, se apareció Ivanna y se sentó a mi lado para hablarme. – Te habrás dado cuenta que vi lo suficiente para imaginarme lo que pasó entre mamá y vos anoche – Me dijo así, sin anestesia. - ¿Y qué es lo que te imaginas que pasó? – Contraataqué yo.

– No te hagas el tonto, que mamá podrá pensar que yo soy todavía una niñita, pero entre lo que leo y lo que me enseñan en la escuela, tanto los profesores como mis compañeras, sé mucho de estas cosas –

– ¿Qué cosas? – Volví a poner cara de estúpido.

– Mirá tiíto, estoy hablando de sexo, y si vos no entendés, tendré que pedirle explicaciones a mamá o, mejor, a la tía Isabel (mi esposa). Alguien me va a dar la información que me falta, pero ni mamá, y menos vos, van a quedar muy bien. ¿Qué va a opinar la tía? – Remató el discurso.

A esta altura yo me empecé a desesperar. Era evidente que se venía una especie de chantaje por parte de mi sobrinita, y la verdad es que me tenía en sus manos y ella lo sabía.

No me quedó más remedio que tratar de llegar a un acuerdo, el problema es que no tenía ni idea de qué querría la mocosa. – Bueno, ¿y qué es lo que quieres que te explique, si parece que ya sabés mucho del tema? – Le pregunté.

– En realidad sé bastante pero no todo, y aparte ya me cansé de las clases teóricas. No sólo quiero que me completes la información, si no que también necesito demostraciones prácticas. – Me largó de sopetón.

Mis reacciones fueron varias, primero de pánico ¿qué iba a hacer yo con esa niña?; después pasó a ser de asombro porque fuera tan desfachatada; al final, luego de recordar su cuerpo casi desnudo en la cama y dentro de su pequeño camisón transparente, pasé a excitarme como hacía tiempo no me pasaba. El short que tenía puesto apenas aguantaba la presión de mi pija erecta, y esto era más que evidente.

– ¿Qué pasa tío, vos no te decidís pero tu pene ya quiere dar una demostración? ¿Por qué no le hacés caso y mientras vemos la práctica me vas comentando los puntos teóricos que me faltan? – Preguntó ya sin ningún tapujo.

No me quedó más remedio que seguirle la corriente; era evidente que no la iba a poder pasar así nomás. La nena (¡Qué nena!) estaba decidida y tenía las riendas de la situación. – Bueno, ¿por dónde querés que empecemos? – Le pregunté, vencido.

Primero puso las reglas de juego, y estas consistían principalmente en que sería ella la que decidiera hasta dónde llegar. Si me llegaba a pasar de la raya, lo pagaría caro. Lo más importante era que ella no quería perder su virginidad; lo demás lo iría fijando en el camino.

Hechas las aclaraciones, se quitó por la cabeza el vestidito que llevaba puesto y quedó totalmente desnuda delante de mí. – Quítate la ropa, así estamos los dos iguales, y comencemos de una vez – Ordenó.

Me saqué el short (por ser de baño, no llevaba calzoncillos debajo), la remera y mis alpargatas. De esta forma, yo también estaba como Dios me trajo al mundo (salvo mi alianza matrimonial, que no me animé a quitarla). Mi pija (o pene, como le decía ella, porque ahora son más modernos) le apuntó directamente a ella. Estaba durísima, como cuando era mucho más joven.

Pero no voy a seguir hablando de mí; lo importante era ella. Es realmente un mocosa sensacional, no se puede creer. Como ya comenté anteriormente, Ivannita es rubia y de ojos grises. Pero esto no dice mucho, o al menos no todo. Su carita es la de una muñequita; chiquita, pero con todo proporcionado: la boca; la naricita respingona, que casi parece de cirugía; hasta la frente, el mentón y las orejas; pero lo más impactante siguen siendo sus ojos, apenas “achinados” y de un gris casi transparente, parece un gatito. En síntesis, preciosa, hermosa, o como le quieran decir, no alcanzan los adjetivos.

Y debajo de esa cara enmarcada en su lacio cabello rubio, que le llegaba a media espalda, un cuerpo, de niña casi mujer, maravilloso. A pesar de ser alta se la ve muy menuda; sus hombros, donde descansa su largo cuello, son angostos y luego me morí admirando sus pechos. Chiquitos, que poco sobresalían de su torso, y unos pezones acordes, con una aureola pequeña y las puntas que, duras como estaban, no sobresalían mucho. Al igual que los de su madre, estaban tostados con el mismo tono que el resto del cuerpo.

Como sería mi embale, que hasta me quedé extasiado con su ombligo; chiquito como todo en ella, pero rodeado de una piel tersa y un abdomen plano. Al finalizar éste, una pequeña mata (en realidad apenas una pelusa) de vellos púbicos, que entre los pocos que eran, y tan rubios, apenas se notan.

Sobre la vagina propiamente dicha no tenía ni un solo pelo, y se veían sus pequeños labios como si hubieran sido depilados; pero evidentemente nunca habían tenido un solo pendejo allí, ni sabía lo que era usar la cera.

Su cola y sus piernas son un capítulo aparte. Estas son las partes del cuerpo que más ha desarrollado. La colita ya está paradita y bien formada; y sus piernas con el contorno de las de una mujer, salvo sus rodillas, que por lo redondas delatan su juventud.

Luego de mirarla (y admirarla) me di cuenta que tampoco su cola tenía la más mínima marca de sol. Se lo dije, y me aclaró que ella era mucho más audaz que su madre, ya que mientras Cris toma sol en topless en la terraza, ella lo hace totalmente desnuda. – Mamá no dice nada, porque piensa que soy una nena – Aclaró. – Sólo me pide que me tape la conchita para que no me haga daño el sol –

No me dejó mucho tiempo para la admiración, ya que enseguida volvió a tomar las riendas. – Bueno, primero quiero conocer de cerca cómo son los hombres – Fue lo primero que dijo. – Recuerdo que en una época solía acariciar el pecho de papá y me encantaba jugar con sus pelos, pero él no tenía ni la mitad de los que tenés vos – Prosiguió.

Y así fue como me recostó de espaldas sobre la cama (la de su madre) y comenzó a jugar con el abundante vello que cubre mi torso. Luego de entrelazar sus dedos y tironear un poco, lo que me produjo algo de dolor, pero un inmenso placer; no se le ocurrió mejor idea que jugar con mis tetillas. Primero las acarició y enseguida se pusieron duras; allí le empezó a pasar la lengua y a succionarlas como si fueran las tetas de su madre. – A pesar de los pelos, son muy ricas tu tetitas – Me dijo. Y a continuación le pegó unos mordisquitos que me volvieron más loco, si fuera posible.

Luego siguió bajando, hasta llegar al triángulo de pelos, que desde mi pubis se juntan con los del pecho. – Acá también sos repeludo – Dijo, mientras me acariciaba los pendejos. – Las veces que pude espiar desnudo a papá, no tenía ni la mitad del vello que tenés vos – Concluyó.

Ahí le expliqué que los morochos solemos tener mucho más vello en el cuerpo que los rubios, e inclusive más grueso; y por eso se veían tan diferentes. – Es lo mismo que va a pasar entre tu mamá y vos; nunca te vas a ver tan peluda como ella, y tal vez no te haga falta depilarte cuando seas grande.

¿Para qué habré dicho eso? Se puso furiosa. – ¡Yo ya soy grande!, ¿o no ves que mis pechos ya se notan y que, aunque sean pocos, ya tengo vello púbico? – Casi me gritó. – Calmate – Le pedí – Quise decir que más adelante, cuando seas más grande, igual no vas a tener una gran cantidad de pendejos. El estado en que se encuentra mi pija te puede decir que no te considero una niña, justamente – Terminé para calmarla.

– Bueno – Refunfuñó – Sigamos con lo nuestro; por ahora te perdono – Y volvió a acariciar mis pendejos, que era donde había dejado pendiente su tarea.

Pero se entretuvo poco con ellos, y enseguida pasó a la parte que evidentemente más le interesaba. Tomó entre sus manos mi verga, y comenzó a acariciarla lentamente. Lo hacía casi con reverencia, despacio, y como si no llegara a tocarla. Esto a mí me producía unos escalofríos que ni te cuento. No es que estuviera por acabar, ya que para ello necesito un movimiento más directo; pero me estaba volviendo loco.

Le explique como tenía que hacer para tirar la piel para atrás y poder acariciar la cabeza. – Hacelo despacio, porque al no estar mojada me puede doler – Le pedí. Y así lo hizo; y, como si supiera, paso a mis bolas; y también las acarició con mucha suavidad – Si te aprieto muy fuerte duele, según dicen – Comentó. – Es verdad, pero si lo seguís haciendo así, está muy bien, y me encanta – Le respondí.

A esta altura no les cuento cómo me estaba poniendo. Si seguía así iba a lograr que me corriera por primera vez sin tenerla adentro de un agujero ni con el movimiento de una paja. Enseguida preguntó cómo se hacía para que estuviera húmeda y no me doliera. – La mejor forma de humedecerla es con saliva, con tu saliva – Le dije ya mucho más entusiasmado por lo que veía venir.

– ¿Para eso te la tengo que succionar? – Qué palabras difíciles que usan los chicos de estos días, con que dijera chupar alcanzaba. – Sí, primero le pasas la lengua por todo el palo, como si fuera un chupetín; y luego sí te la puedes meter en la boca, o al menos lo que te entre – Dije, tirándome a la pileta, porque veía que había agua.

Así fue como comenzó la primer mamada de su vida, y que conste que en poco tiempo se convirtió en una experta. Pero no nos adelantemos a los acontecimientos. - ¿A vos te gusta que te la succione (otra vez esa palabrita) tanto como a mí me gusta lamértela? – Preguntó cándidamente. – A mí me encanta, pero tengo que avisarte que si sigues así, pronto voy a largar mi leche dentro de tu boca; y no sé si te va a gustar – Le advertí.

Tampoco a esto le hizo el más mínimo problema, ya que estaba convencida de probar todo lo que pudiera, y después recién decidir si algo no le gustaba. Entonces le fui enseñando a chuparla de forma tal que me iba pajeando a la vez, ayudándose con la mano. La punta de mi verga y una parte del tronco entraba en su boca y volvía a salir, casi hasta escaparse. No se la podía meter toda, pues su boca es muy chica, pero con el tiempo va a aprender a relajarse y poder tragar más centímetros.

No me llevó mucho tiempo llegar al orgasmo y le grité - ¡Ahí va, estoy acabando!, ¡tomate mi leche, tomátela toda, nena! – Y empecé a largar semen a raudales. Hacía tiempo que no tenía un orgasmo tan fuerte en una relación oral. La primera parte le cayó en la boca, pero enseguida empezó a atragantarse y se la sacó de la boca. La mayor parte de la leche le cayó en la cara, el pelo y lo último en su pecho.

Estaba hecha un asco, toda pegoteada, pero se veía divina. Nunca pensé que me iba a calentar tanto ver a la niña cubierta de leche - ¿Y bien, qué te pareció? – Le pregunté. – Es riquísima, ¡genial! – Fue su respuesta, mientras se esparcía la leche que le había caído en el pecho por todo el cuerpo, y luego llevaba la de la cara a su boca y se lamía los dedos, como si tuvieran dulce de leche.

– Ahora que ya te conocí a vos, quiero que hagas algo por mí – Fue lo siguiente que dijo; y quiso que le hiciera a ella todo lo que correspondía a un hombre hacerle a una mujer. – Pero sin penetrarme – Aclaró, por si hacía falta. – Ya sabés que quiero seguir virgen.

La puse boca abajo sobre la cama, diciéndole que empezaríamos por atrás. – Si no te molesta, me voy a sentar encima de ti, para poder seguir adelante – Y así lo hice, ya que no dijo nada en contrario. Me senté directamente sobre su cola, acomodando mi entonces fláccida pija entre sus cachetes; le corrí el pelo y comencé a lamer su cuerpo, empezando por las orejas y su cuello. En pocos segundos se estaba volviendo loca, así que dejé un poco la tarea, porque quería hacerla durar.

De ahí fui bajando con la punta de mi lengua a lo largo de su columna. Apenas si la rozaba, pero Ivannita temblaba como una hoja. Mientras recorría su espalda con la lengua, pasaba la punta de mis dedos por sus costados, inclusive acariciando apenas los bordes de sus pechos.

Cuando vi que ya estaba bastante loca, me deslicé de su cola para atrás, y abriendo sus piernas me senté entre las mismas. Ahí comencé a acariciarle las nalgas, y poco a poco me fui arrimando a la raya de su culo. Primero le pasaba la yema de los dedos y la rozaba con las palmas de mis manos; luego seguí con mi boca, mis labios y mi lengua.

¡Qué sabor! No puedo creer que un orto pueda oler a rosas, a jazmines, qué se yo. Le abrí un poco más las piernas y le pasé la punta de la lengua por el agujerito, sin llegar a penetrarla, pero haciendo bastante presión sobre ese precioso orificio; y ella respondió con un estremecimiento, y temblando como una hoja. Luego pasé mis manos por sus piernas, y se le puso la piel de gallina, como decimos nosotros. Cuando llegué a la planta de sus pies los sacó enseguida; evidentemente le hice cosquillas.

Suavemente la fui dando vuelta, y lo hice despacio, por ella y por mí. Me extasiaba irla viendo de a poco; volver a descubrir ese cuerpo celestial que volvía a admirar. ¡Es preciosa! ¡Mamita!

Me puse a su lado, ya que tenía miedo de no contenerme y penetrarla si me sentaba sobre ella, como lo había hecho cuando estaba dada vuelta. Primero la besé en los labios y jugamos así un rato; de a poco fui penetrando su boca con mi lengua, y allí se cruzó con la de ella. Mientras nos besábamos le acaricié sus pechos y su vientre.

Luego fui bajando hasta alcanzar las tetitas. Son tan pequeñas que no las puedo tomar entre mis manos, pero son deliciosas. Le pasé la lengua por los pechos, y después de un tiempo llegué a sus pezones. Crecieron mucho al lamerlos, y estaban duritos como piedras. Esta vez no hice a tiempo de parar, y llegó a su primer orgasmo en manos de un hombre, ya que por cuenta propia había tenido varios antes de mí.

Gritó como una desaforada; saltaba en la cama que parecía Linda Blair en El Exorcista. Nunca me había pasado que una mujer tuviera un orgasmo como ese, con sólo chuparle sus pechos.

No la dejé descansar. Comencé a jugar con la lengua alrededor del ombligo, mientras con una mano le acariciaba las piernas, de abajo hacia arriba, pasando por el interior de sus muslos y volviendo al vientre. Siempre sin tocar su conchita.

De a poco retomé el camino descendente y cuando pasé por sus pendejos, jugué con ellos e inclusive puse unos cuantos entre mis dientes y le pegué un pequeño tirón. El grito que pegó no fue justamente de dolor, si no de placer; a esta altura estaba casi al borde de otro orgasmo.

Y este llegó cuando mi boca rozó por primera vez sus labios vaginales. Bastó tocarla apenas para que comenzara nuevamente a saltar y gritar como una loca. Realmente parecía poseída. Y pensar que todavía no me había arrimado a su clítoris.

Pero antes de eso, le fui abriendo los labios y penetrando su vagina con mi lengua. En realidad, ya se había convertido en un lago, y mi lengua pasó a ser un buzo que exploraba en las profundidades. – Estoy temblando otra vez, no puedo más – Casi suplicó Ivannita. – ¿Qué más vas a hacer conmigo? – Le respondí que sólo lo que ella quisiera. – Voy a seguir adelante mientras vos no te opongas – Y agregué, por si acaso: – Siempre respetando tu virginidad –

No esperé respuesta, y seguí; ella quería aprender y yo me desvivía por enseñarle. Era la mejor alumna que pueda tener en mi vida. Así que comencé a lamer la zona de su clítoris, hasta que éste se asomó de su capullo. No había dado más de media docena de lamidas directas en su botoncito, cuando su delirio comenzó de nuevo. Si los anteriores orgasmos habían sido intensos, este fue monumental. Gritaba y saltaba sin ton ni son; pidiendo una vez que parara, y a la siguiente que le diera más.

Cuando se calmó, no sabía si había tenido un gran orgasmo o si fueron varios seguidos, porque estuvo en éxtasis varios minutos; pareció una eternidad. Quedó totalmente despatarrada y en un estado de relajación total. Por un rato no pudo ni abrir sus ojos, y cuando lo hizo, ya no vi esa mirada dominante, si no que tenían una mezcla de placer, agradecimiento y creo que también de amor.

Después de un rato me dijo: – Ahora tenés que decirme vos cómo seguimos, sos el maestro y yo tu alumna – Y esto me llenó de sorpresa. Evidentemente la experiencia que había pasado cambió mucho su actitud.

– Lo próximo y último que te toca (siempre pensando en que sigas virgen) es el sexo anal – Le dije, como para ver cuál era su reacción. – Voy a hacerte la colita, para que veas cómo se puede disfrutar del sexo de distintas maneras, especialmente si no quieres usar el otro agujero –

Ante esto, puso cara de preocupación. – Pero eso duele mucho – Fue su comentario. – Todo el mundo lo dice –

Traté de tranquilizarla, explicándole que si se hace con cuidado, y muy bien lubricada, el dolor al principio era tolerable, y luego dejaba paso al placer. También le dije que yo era algo así como un experto en hacer la cola, ya que me gustaba muchísimo y hacía lo posible porque la mujer con que estuviera, también lo disfrutara.

Fue suficiente para convencerla, así que volvía a acostarla boca abajo, previo poner una almohada bajo su vientre, y comencé a trabajar su culito con mi lengua. Poco a poco y sin apuro fui llenándole el agujero de saliva y comencé a penetrarla con la lengua. A esa altura entraba sin problema, ya que entre la cantidad de saliva que tenía, y lo relajada que estaba Ivanna, su esfínter fue cediendo poco a poco.

Cuando lo creí conveniente, reemplacé mi lengua por el dedo índice, y no paré hasta que logré meterlo completo en su orto. Luego comencé a cogerla con el dedo, metiéndolo y sacándolo despacio, pero sin parar. El próximo paso fue repetir el mismo proceso, pero con el pulgar de mi mano. Esta vez fue más rápido, ya que estaba muy abierta y lista.

– Ahora voy a penetrarte – Le dije. – Mantenete así, relajada, y no vas a sentir casi dolor – Culminé mi discurso. Me arrodillé entre sus piernas, le levanté un poco más las caderas y apoyé la punta de mi verga (previamente mojada con saliva) en el agujero tan deseado. Hasta ahora no había dado muestras de mucho dolor, así que decidí seguir adelante

Le fui metiendo poco a poco la puntita, mientras veía que su pequeño orto se iba agrandando. Esta vez los gemidos eran de dolor, y no de placer, pero yo sabía que esto iba a acabar pronto. Cuando tuve toda la cabeza adentro, vi que algunas lágrimas le caían de sus ojos, y me di cuenta que le dolía más de lo que demostraba.

Comencé a masturbarla con una mano, mientras con la otra le sostenía la cadera para que no se moviera demasiado y le produjera más dolor. Reaccionó enseguida a mis caricias, y de a poco fue distendiéndose más, hasta que sentí que su culo se abría por completo, y en ese momento aproveché para meterle todo lo que quedaba de mi pija afuera.

Fue espectacular, ya que a la hermosa sensación de estármela culeando por completo, se sumo el que ella alcanzara en ese momento otro orgasmo; y su cuerpo se moviera alrededor de mi pija como si fuera una serpiente gigante. Y entonces empecé a moverme yo, ya sin preocuparme por su dolor, comencé un mete y saca en su cola, que me llevaba ora hasta el fondo de sus entrañas, ora casi hasta salirme del agujero.

No me llevó mucho tiempo acabar en un tremendo orgasmo. ¡Qué manera de echarle leche! Llegó un momento que ya no entraba en su culo y se escapaba hacia fuera. Pero lo mejor es que ella estaba acabando otra vez, y ya iban no sé cuántos orgasmos que tenía. A mi ya se me había achicado nuevamente y se me salía de su agujero, pero ella seguía gritando como descosida. Su orgasmo era interminable.

Cuando por fin paró, mi pija ya estaba totalmente fuera de ella. Se dio vuelta y comenzó a lamerla hasta dejarla toda limpita. Por desgracia yo ya no estaba para otra erección, pero de todas maneras, disfruté mucho de sus labios, y la correspondí chupándole despacito la concha, en una especie de 69, pero de costado.

Así nos quedamos, medio dormidos, medio inconscientes; hasta que fuimos despertados por un grito. Era Cris, que había vuelto de la peluquería (nos olvidamos por completo de ella) y nos encontró en la misma posición en que habíamos caído rendidos; mi verga todavía estaba en parte dentro de la boca de Ivanna.

En ese momento no pude descifrar la mirada de Cristina, pero creo que era mayormente de odio. Aunque también había celos y por qué no lujuria.

Pero lo que viene ya formará parte de la continuación de esta historia... Que será pronto, con la tercera y última parte.

Un abrazo,

Billy billyarg@yahoo.com

viernes, septiembre 08, 2006

Ivanna y su mamá - 1ª parte (Mi hermana Cristina)

Acá les pongo a consideración el primer relato que escribí, ya hace varios años atrás. Como consta de tres partes, vamos a empezar por la primera. Espero sus comentarios; pero, por favor, tengan en cuenta que recién empezaba a escribir... no sean muy duros... jajajaa

Salu2 para todos,

Billy

Ivanna y su mamá – 1° parte (Mi hermana Cristina)

Esta no es una historia real (aunque me hubiera gustado que lo fuera), pero está basada en situaciones y personajes verdaderos, a los que sólo les cambié los nombres y algunos lugares, como para guardar el secreto...

Para ponerlos en situación, les diré que me llamo Guillermo, aunque desde que nací todos me conocen por Billy (hay muchos Guillermo en la familia); estoy pisando los 40 y, a decir verdad, físicamente no me mantengo muy bien, la vida sedentaria me agregó un montón de kilos con los años.

Estoy casado y con varios hijos. Desde hace unos años que nos fuimos de Buenos Aires, estamos radicados en la ciudad de Neuquén. Allí trabajo en una empresa internacional, por lo que viajo mucho, tanto al exterior, como dentro del país (a veces a Buenos Aires).

En mi familia éramos varios hermanos (hombres y mujeres), siendo yo el del medio. Para no hacer larga la introducción, sólo les comento que la mayor de todos es Cristina.

El caso es que con el tiempo, todos nos fuimos yendo de Buenos Aires; tanto mis hermanos, como mi madre, ya que mi padre falleció hace mucho. Entre todos, la que se fue más lejos fue Cristina, porque a su esposo lo trasladaron a Centroamérica, y allá se fueron con él mi hermana y su entonces pequeña hija Ivanna, que para aquella época debía rondar los siete años.

Luego de varios años de vivir bien en Costa Rica, los problemas que siempre tuvo Cristina con su esposo se agudizaron, hasta llegar al punto de volverse ella sola con la niña, dejando a su marido, con sus amantes y sus deportes, lejos.

A los pocos meses de estar ellas instaladas nuevamente en Argentina, en pleno mes de enero, se dio la necesidad de hacer un viaje a Buenos Aires. Me pareció una buena oportunidad para volver a ver a mi hermana, cosa que no pasaba desde hacía casi cinco años. Así que la llamé y le conté que iba a estar el siguiente viernes por Buenos Aires, y que me gustaría que nos encontráramos para almorzar en el centro, ya que ella vivía en el Gran Buenos Aires, cerca de donde vivimos todos de chicos.

Cristina tuvo una idea mejor, y me propuso que en vez de volver a Neuquén el mismo viernes a la noche, me quedara en su casa el fin de semana y regresara el domingo. De esta forma podríamos estar más tiempo juntos y de paso pasear por Buenos Aires, cosa que hacía mucho que yo no realizaba. La idea me pareció bárbara, y como mi esposa no opuso mucha resistencia, cambié mi pasaje de vuelta para el domingo a la noche.

El viernes, después de un agotador día de trabajo, y todo pegoteado por el calor húmedo de Buenos Aires en pleno verano, me subí a un remise y partí hacia lo de Cristina. Llevaba conmigo una botella de vino blanco bien helado, porque no creía que hubieran cambiado sus gustos al respecto.

Llegué casi a las once de la noche y Cris (así la llamé siempre yo) salió a recibirme en la puerta del departamento, con un fuerte abrazo y un gran beso en mi mejilla. Debo reconocer que realmente me impactó. Llevaba puestos unos pantaloncitos tipo deportivos, muy cavados en las piernas, que se le metían por todos lados, e inclusive dejaban ver un poco del lateral de su bombachita blanca.

Arriba, tenía puesto un top, de esos sin breteles, que no le llegaba a tapar el ombligo; y por lo caídos que se veían sus pechos, se notaba que no llevaba nada debajo.

Pero lo más impactante no era su ropa, si no ella misma. Su cuerpo parecía más joven que como lo recordaba yo de antes que se fuera. Las piernas se veían firmes y bien contorneadas; la cola paradita (un espectáculo) y sus pechos bien formados aunque, como dije, no muy derechos. El vientre, que quedaba a la vista, era totalmente plano.

Si a eso le sumamos que siempre fue una morocha muy bonita, y que estaba recontra bronceada, el conjunto era espectacular. Cuando se separó de mí, pude mirarla y admirarla un poco más, y no pude contenerme de decirle un dulce piropo.

Entramos y me comentó que ya Ivanna estaba dormida. Se había acostado a mirar la televisión para tratar de mantenerse despierta, pero el sueño fue más fuerte que ella y la venció. De todas maneras, pasé a su habitación a darle un beso, y ahí estaba ella, con sus 12 años (según me dijo más tarde Cris) toda despatarrada, boca abajo en la cama.

Me llamó la atención, y se lo dije a Cris, lo alta que estaba para su edad. Pero claro, como bien me dijo ella, en muchas cosas salió al padre; mi ex cuñado mide algo más de 1,90. No sólo en la altura se parece al padre, ya que es muy rubia, y con unos hermosos ojos grises que ninguno en mi familia hemos tenido.

Le di un beso dormida como estaba, mientras le comentaba a la madre que se había convertido en una hermosa niña; a lo que Cris respondió que lo de hermosa sí, pero no tan niña. Y agregó una sonrisita que me dejó pensando.

Regresamos al living y volví a la carga sobre lo bien “conservada” que estaba Cris. Con toda sinceridad le expresé mi convencimiento de que estaba mucho mejor que la última vez que nos habíamos visto. Ella me dio varias explicaciones al respecto, sobretodo referidas a las horas que se pasaba en el gimnasio en San José, ya que no tenía mucho más que hacer, y para no aburrirse se dedicó a cuidarse a sí misma. Pasaba horas por semana con distintos tipos de gimnasia; varios largos de pileta por día; y sesiones periódicas de masajes.

A esto, dijo que le sumaba una dieta natural, había dejado el cigarrillo y no tenía mucho entretenimiento como para tener una vida disipada. Esto último lo dijo con una mueca que quiso ser sonrisa pero no pudo.

Cuando le hice un comentario sobre lo bien tostada que estaba, y que no se le notaban marcas blancas en los hombros, me dijo que allá acostumbraba tomar sol sin la parte de arriba del bikini, y ahora lo mantenía igual en la terraza del edificio. Dicho esto, tomó los costados del top, y de un tirón se lo bajo hasta la cintura.

- Ves, no sólo no tengo marcas de breteles, si no que me bronceo los pechos completos.

Yo casi me desmayo del shock, ahí la tenía a Cris mostrándome sus hermosas tetas, de un color parejito, en el cual apenas se distinguían las aureolas de los pezones, por ser casi del mismo tono. Las que sí se notaban bien eran las puntas de los pezones, que eran largas y filosas, pareciendo que me apuntaban directamente de lo erguidas que estaban.

- Además – me dijo – aunque no he podido volverlos a levantar como antes de tenerla a Ivanna, con la gimnasia los mantengo bien duros y con la piel tersa. ¡Fíjate!

Dicho esto me tomo una de mis manos y la llevo a su pecho, para que notara lo suave que era al tacto, pero a la vez firme en su carne. A mí a esta altura ya me temblaba todo, pero ella pareció no darse cuenta, e insistió en que lo acariciara.

Ya para entonces yo tenía una erección descomunal (bueno, al menos para el tamaño de mi pene, que no es mucho, con toda la furia no pasa de los 15 cm.). Para peor, el pantalón del traje que tenía puesto era de una fina tela de verano, y ya se notaba la carpa que se iba formando. De esto tampoco hizo comentario alguno, aunque creo que era más que evidente.

Mi calentura iba en aumento, y no me paré a pensar que se trataba de mi hermana; inclusive retuve mi mano en su teta algo más de lo necesario, no sólo tanteando su textura, si no realmente acariciándola. Cuando al retirar mi mano roce suavemente su pezón, se le escapó un leve gemido.

- Con la cola no te has quedado atrás – le dije sin parar a pensar – Se nota que también está durita, pero no se te ha caído como los pechos.

- En realidad con ella no tuve el problema de la parte alta, es que la guacha de Ivannita tomó la teta hasta que tuvo casi tres años – fue su respuesta – Pero, como vos decís, también está dura, aunque su piel no tan suave, ¿ves?

Y ahí nomás casi me desmayo, ya que de repente se había bajado el pantaloncito hasta las rodillas, y dándose vuelta me mostraba sus nalgas, que apenas tenían tapada la raya por una fina tanguita blanca. Esta vez me recuperé más rápido, y no esperé a que me invitara. Directamente puse mis manos sobre su cola y comencé a acariciarla.

- ¿Viste que está un poco rugosa? Es que ya a esta edad no puedo combatir del todo la celulitis, pero la mantengo bastante bien.

No había terminado de decir esto que mientras tanto se había desprendido de los shorts con sólo el movimiento de sus piernas. Y entonces tenía a semejante mina (aunque fuera mi hermana), ante mí, con una tanguita como única prenda.

Mis manos siguieron acariciando, y era evidente que ya no para constatar el grado de tersura de su piel. En un momento que rocé la tira central de su tanga, volvió a escucharse un gemido, esta vez bastante más fuerte y prolongado.

Esto me animó a seguir, aunque creo que ni siquiera lo pensé. Mis manos fueron moviéndose hacia delante, primero por la parte externa de sus muslos, y luego hacia adentro. Cuando llegaron a la parte delantera de su bombachita, los gemidos de Cris ya eran continuos, y me di cuenta que la tela estaba totalmente mojada.

Mientras tanto, y a fin de poder rodearla con mis brazos, yo me había apoyado contra su espalda, con lo cual (teniendo en cuenta la diferencia de estatura) mi pene totalmente parado se apoyaba en parte contra la zona alta de su raya, y parte en su espalda. Obviamente ella no podía no darse cuenta de mi estado, como yo no podía ignorar el suyo.

Viendo que no había ningún signo de rechazo, fui acariciando su pubis; primero por encima de la tanga, y luego metiendo las manos por los elásticos de los bordes. Sentir sus pelos en mis dedos ya me estaba llevando casi al éxtasis, pero sabía que me tenía que aguantar, pues soy de los que tardo mucho en recuperarse después de un orgasmo.

A continuación fui bajando mis manos, hasta que llegué a su vagina, y de a poco fui moviendo mi dedo hasta alcanzar su clítoris sin esfuerzo, porque estaba totalmente empapada en sus propios jugos. Bastó rozarlo una sola vez, para que Cris estallara en un fenomenal orgasmo. Fue tal el grito que pegó que calculo que se debe haber escuchado en todo el edificio.

No la dejé recuperarse y la seguí masturbando, no sólo en el clítoris, si no también por toda su vagina. Mis dedos resbalaban sin ningún obstáculo, e inclusive se oía el chapoteo, de tan mojada que estaba. Tubo otro orgasmo más, o tal vez fueron dos o tres encadenados; no lo sé. Esta vez fueron menos salvajes, pero no por ello los disfrutó menos. Su cara estaba desencajada, y yo no daba más.

De un solo manotazo le arranqué la bombacha (por suerte no resistió el tirón) y la apoye contra el asiento de una silla. Abrirme el cierre del pantalón, sacar afuera mi enhiesta pija y ponérsela desde atrás en su conchita, fue un solo movimiento. Realmente ni me di cuenta cómo lo hice, pero de repente me encontré cogiendo a mi hermana (y recién ahí me acordé que Cris lo era), con unas ganas como no sentía desde hacía mucho tiempo. Bastaron unas cuantas embestidas para que le descargase toda mi leche, con tanta fuerza que calculo que le debe haber llegado hasta la garganta.

Tal era mi calentura, que cuando se la saqué y la di vuelta para mirarnos, ya tenía la pija parada de nuevo. Nos miramos a los ojos, y sin decir palabra nos fundimos en un abrazo y nos besamos apasionadamente. Nuestro beso pareció eterno, las lenguas se cruzaban, se buscaban y volvían a tocarse. Cuando abrí los ojos Cris estaba como en otro mundo, totalmente entregada al placer.

Pero esto no terminaba así nomás. Si mi aparato todavía quería más (y yo también), ni hablar de Cristina. Sin casi despegarse de mí, me fue besando en el cuello, aflojó mi corbata y desabrochando uno a uno los botones de la camisa, fue besando mi pecho. Jugaba con el vello que lo cubre en abundancia y luego paso a besar mis tetillas. ¡Qué placer cuando mordisqueó una de ellas! Pensé que estallaba de nuevo.

Enseguida volvió a tomar el camino descendente, hasta que llegó a desabrochar mi cinturón y tirar los pantalones para abajo. Antes que estos llegaran a los tobillos, ella sin molestarse en bajar mis bóxer, tomó la pija entre sus manos y comenzó a acariciarla.

Al principio usó sus dedos, para luego agregar su boca, sus labios, su lengua a la tarea. Mientras acariciaba mis bolas con una mano, primero se dedicó a lamer todo el tronco de mi pija, que si bien no es muy larga, sí tiene un buen grosor. Una vez que tuvo tirada para atrás la piel, se dedicó a la cabeza. Pasó su lengua por el glande con una suavidad que me ponía a mil; la lamía, la chupaba, y yo estaba en el séptimo cielo.

Después pasó a ponérsela dentro de la boca. A medida que se la tragaba la seguía lamiendo con su lengua. Era como si recibiera un doble tratamiento; y ya no pude más. Comencé a largar chorros de semen, que primero se fue tragando, pero cuando ya se estaba atragantando corrió su cabeza para atrás y al salirse mi pija de la boca, los últimos chorros los recibió en su cara, dejándosela toda manchada y con un ojo pegoteado.

Nunca había tenido una acabada tan grande, y menos en la segunda vuelta tan seguida de la anterior. Evidentemente nunca había llegado a ese nivel de calentura.

Ahí nomás caímos los dos al piso, rendidos de momento. Cuando ella quiso decir algo, le puse un dedo sobre su boca, para que callara y pudiéramos disfrutar del momento. Ya tendríamos tiempo para las preguntas sin respuesta. Como no podía quedarse quieta, se dedicó a limpiar toda mi pija con su boca, mientras yo le acariciaba tiernamente su espalda.

Cuando me quise dar cuenta, estaba al palo de nuevo. Cris seguía lamiéndome y yo la moví un poco de forma que quedara encima de mí en un buen 69. Mientras ella empezaba a acelerar el ritmo de la mamada que me hacía, yo me entregué a lamer toda su entrepierna. Comencé por la vagina, sin tocar de entrada su clítoris, como para hacer durar un poco más la cosa. Llegó un momento que la estaba cogiendo literalmente con mi lengua. La entraba y la sacaba como si fuera una pija, mientras me iba tomando los jugos que fluían de su conchita.

Después de unos minutos así, pasé a encargarme de su “botoncito mágico” (qué cursi que soy). Las piernas de ella temblaban y no por la posición en que estaba. Fui rodeando su clítoris con mi lengua, dándole chupones con mis labios, y por último algunos mordiscos suaves. Para ella fue el acabose. Empezó a sacudirse como poseída; gritaba como si la estuvieran pelando con agua hirviendo; y comenzó a largar una cantidad de flujo que por poco me atraganto. Me bañó literalmente la cara.

Una vez que se calmó, retomó la tarea sobre mi pija. Cada vez le ponía un poco más de fuerza. Sentir su lengua que subía y bajaba por todo el tronco, mientras me sobaba las bolas con la mano, me volvía loco. Enseguida bajó un poco más la cabeza y comenzó a lamerme los huevos, se los metía uno a uno en la boca y los chupaba como si fuera una pastilla.

Aunque el hecho de que me chupen los huevos me gusta tanto o más que se dediquen a la pija, sobretodo porque pocas mujeres saben hacerlo; al detener la masturbación directa me dio un respiro, como para no acabar enseguida.

Mientras yo me puse a lamerle la zona que está entre la vagina y el ano, lo que produjo que Cris comenzara a gemir nuevamente. De ahí pasé al agujerito precioso, y en el caso de Cris, más que nunca. Era oscurito y estrecho, le fui bombeando saliva con mi boca y luego la empecé a penetrar con la lengua.
A esta altura Cris ya estaba totalmente loca de nuevo, ya que mientras le besaba el culo, le acariciaba el clítoris con mis dedos. Después fui poniendo uno de los dedos en su cola, poco a poco y sacándolo hasta el principio, y vuelta a empezar. La resistencia era mucha, a pesar de que no usaba mi pulgar, si no el índice que no es muy grueso.

Cada vez que sacaba el dedo, volvía a echar saliva en el agujero, como para irlo lubricando. Nunca me gustó usar cremas, manteca u otros elementos, creo que la saliva es el mejor lubricante, y el más natural.

Para poder distenderla lo más posible, retomé las caricias en su clítoris con una mano, mientras trabajaba su culito con la otra; y así, a medida que volvía a encenderse, fue relajando sus esfínteres y mi dedo terminó de entrar por completo. A partir de allí todo fue una tarea de dilatación. Logré cambiar mi dedo por el pulgar, y luego inclusive por dos dedos; y seguía agrandándose.

De a poco me fui escurriendo de debajo de ella, hasta situarme de rodillas por detrás. Volví a la carga con su clítoris, a fin de tenerla totalmente entregada antes de comenzar a sodomizarla. Cuando apoyé la punta de mi pija en el agujero del ano, hizo algún comentario sobre que tuviera cuidado, porque nunca lo había hecho así. A mí esto me extrañó, pero por otra parte me elevó la temperatura otros 40 grados.

Se la metí por la concha para que se lubricara con sus jugos, y le volví a meter saliva por el culo. A partir de allí comencé a presionar con la cabeza sobre su agujerito. Primero logré meter el glande, y Cris sólo emitió un pequeño gemido. Esto me animó a seguir adelante, y con un movimiento de pone y saca, aunque sin retirarla nunca del todo, fui metiendo mi pija hasta más de la mitad. Ella no se quejaba mucho, así que de un solo saque se la mandé hasta los huevos.

Ahí el grito que pegó fue de dolor, pero enseguida pasó a ser de placer. Una vez calmada de la primera impresión, empecé a bombear lentamente en su culo. Mientras trataba de acariciarle el clítoris y con otra mano alcanzaba uno de sus pechos que colgaban bamboleándose para todos lados. A medida que fui incrementando el ritmo de la cogida, y estando ella ya totalmente ida (creo que iba por su cuarto o quinto orgasmo, en esta parte de la noche), empecé a apretar sus pezones y a retorcérselos. Como se podrán imaginar, no tardé mucho en acabar en su cola. Creo que la llené de leche hasta más allá del estomago.

Cuando se fue achicando se salió sola, de tan lubricado que estaba el agujero, por mi saliva y mi semen. Me recosté a su lado y nos besamos tiernamente, muy suave, con todo el amor posible. Luego de volver a limpiarme la pija con su boca (por lo visto esto le gusta mucho, a pesar de que había estado en su culo), nos dispusimos a charlar un poco sobre lo acontecido.

Así fue como me comentó que llevaba meses sin coger, sin sentir una buena pija dentro de ella, y que estaba pensando incluso en pagarle a alguien por un servicio. No estaba dispuesta a salir de levante por ahí, y el poder solucionar el tema conmigo le había venido bárbaro.

- Claro que esto fue al principio – me dijo – porque una vez que empezamos a coger, me di cuenta que lo iba a disfrutar como nunca. Sumado al morbo que me daba pensar que sos mi hermano, me agarré una calentura como nunca – finalizó.

Le dije que a mí me había pasado algo por el estilo, y que ahora me daba cuenta que siempre la había tenido en mente, inclusive desde chicos, cuando andábamos desnudos sin ningún problema, jugando a la mamá y el papá, o al doctor, entre todos los hermanos.

No tuvimos que esforzarnos demasiado para quedar de acuerdo en que la experiencia había sido maravillosa, y que la repetiríamos tantas veces como fuera posible.

- Vos serás mi único macho, a partir de ahora – afirmó – y mi cuerpo será sólo para vos, especialmente mi cola, ya que fuiste quien la desvirgó, tendrás su exclusividad para siempre.

Nos fuimos para su dormitorio y volvimos a besarnos, ya sin tanta pasión, pero con mucho amor. Así nos quedamos dormidos los dos, hasta la mañana siguiente. Cuando me desperté, me encontré desnudo sobre una cama ajena, con la cabeza de Cris apoyada sobre mi vientre; totalmente desnuda ella también.

Al terminar de abrir los ojos, me pegué uno de los más grandes sustos de mi vida: en la puerta de la habitación, y observándonos atentamente, estaba Ivanna. Tenía puesto sólo su camisón, que dejaba traslucir todas las formas de su cuerpo, y esto a mí, una vez que se me pasó el susto, lo que produjo fue una tremenda erección, que no alcancé a disimular con las sábanas.

Pero esto ya formará pare de una continuación de esta historia ...
Por ello les digo hasta pronto, con la segunda parte.

Un abrazo,

Billy billyarg@yahoo.com

Algunos comentarios sore mis relatos

Hola gente.

Les cuento un poco sobre algunos detalles de la forma en que escribí mis primeros relatos, que luego se repiten en general en todos los que llevo escritos.

Mis relatos son pura fantasía, cosas que (lamentablemente) no me han sucedido; pero en general, todos los personajes existen, y detalle más detalle menos, son tal como los presento.

Inclusive no sólo existen los personajes, si no que es real la relación familiar, laboral, etc., que tienen conmigo.

Por otra parte, y a fin de cuidar un poco las apariencias, los nombres están cambiados... pero no tanto. La verdad es que en casi todos los casos, he utilizado el segundo nombre de cada persona, para incluirlo en el relato.

Como podrán apreciar, a lo largo que les vaya presentando mis relatos, he escrito sobre varios temas; pero generalmente hay una tendencia a incluir relaciones familiares en los mismos, aunque no en todos.

Sólo les pido que no se queden en los comentarios sobre los relatos que incluyamos en este blog, si no que opinen sobre todo lo que tenga que ver con los relatos eróticos. Esta no quiere ser una página de publicación de relatos, si no un foro de opinión sobre los mismos y también sobre sus autores y las páginas donde se publican.

Espero sus comentarios, y será hasta siempre.

Billy

miércoles, julio 26, 2006

Esto está medio lento...

Hola amig@s, o futur@s amig@s, si algún día llegan a exsitir...

Por lo que veo, esto va lento... los días pasan, y este Blog no se mueve ni para atrás ni para adelante.

Tal vez esté demasiado ansioso, pero hubiera sido lindo tener al menos una visita, no digo mucho, algún comentario, ¡qué sé yo! Bueno, no conozco mucho de esto, y supongo que no es tan grave.

De última, más grave es que yo no haya agregado nada en todos estos días. Grave, porque en realidad todavía no puse nada de lo que pensaba poner al crear este Blog, ni un comentario propio, nada de nada.

Pero ya me voy a sentar el fin de semana, y dedicarle un tiempo a mi chiche nuevo.

Por lo que he escuchado, mucha gente actualiza su propio Blog no menos de una vez al día; pero no va a ser mi caso. Yo me he propuesto hacerlo semanalmente; salvo claro, que en el medio reciba comentarios de ustedes, y entonces sí iré contestando al toque.

Bueno, les dejo un abrazo para tod@s los que se animen a visitarme.

Hasta pronto,

Billy

martes, julio 18, 2006

¿Por qué creé este Blog?

¡Hola Amig@s!

Antes que nada, les agradezco que visiten mí (mejor debería decir nuestro) Blog.

Para mí es una experiencia totalmente nueva; no sólo porque es el primer Blog que abro a mi nombre, si no porque prácticamente nunca entré a visitar ninguno.

Por eso les pido sepan disculpar si esto no sale demasiado bien desde un principio, pero seguro iremos mejorando.

¿Hacia dónde apunta este Blog?, se preguntarán ustedes. Pues el título un poco lo dice; quiero que aquí podamos intercambiar opiniones y experiencias; tanto los escritores como los lectores (y también, por supuesto, los que formamos parte de ambos grupos) de los llamados Relatos Eróticos.

Quisiera que en este espacio debatamos sobre las distintas categorías de relatos; la calidad (buena o mala) de los autores; de algún gran relato o serie de los mismos, que nos haya impactado; sobre la censura, mayor o menor, impuesta por las distintas páginas que los publican; etc.

Entonces, por ahora nada más, simplemente dejo el foro abierto, y en las próximas entradas iré tirando algunas de mis experiencias, tanto como autor como lector.

Un abrazo para todos.

Billy

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